Innovación: Nuestra experiencia para su entrenamiento.
“Nuestra tarea no sólo consiste en reconocer el talento innovador con posterioridad a su expresión, sino además en estimular todo talento potencial y ofrecer condiciones que faciliten su desarrollo y expresión.” Las organizaciones que aprenden.
Dadas las características de complejidad, incertidumbre, turbulencia, cambio, progreso y competición que caracterizan al mundo del trabajo, la innovación ha pasado a ser una habilidad crítica en la empresa actual. Estar preparado para solucionar problemas y hacerlo de forma creativa, es sin duda, algo indispensable en este escenario, donde innovar es la palabra clave.
La creatividad es un fenómeno dinámico, complejo y multifacético, que depende para su expresión de factores del individuo, de estilos de pensamiento, formas de abordar la solución de problemas, rasgos de personalidad y motivación, así como de la existencia de condiciones favorables en el ambiente; vease la actitud de la dirección, el entorno y la cultura organizacional. La expresión de la creatividad está, además, profundamente afectada por factores de orden relacionados con el histórico de la compañía.
A pesar de ser, tal vez, el recurso más valioso de que disponemos para afrontar los desafíos que acompañan nuestra época, observamos un gran desperdicio del potencial creativo, producto de varios factores, como el modelo laboral predominante en la gran mayoría de las organizaciones, que tiende a reducir la creatividad por debajo de las posibilidades reales.
Este recurso ha sido tradicionalmente bloqueado por prácticas que enfatizan en demasía la reproducción del conocimiento ya probado, en perjuicio de las habilidades de pensar e imaginar (más proclives a destapar incapacidad o limitaciones de los profesionales). Esto hace que muchas personas subestimen sus competencias e interioricen una visión acomodaticia de sí mismos.
Dentro de las características de las empresas actuales, muchos parámetros han de ser revisados, resaltamos aquí algunos que hemos observado en nuestra práctica.
No podemos dejar de destacar la existencia de fuerzas adversas presentes en nuestra cultura que dificultan y llegan incluso, en algunos casos, a impedir el desarrollo y la realización del potencial para crear. La influencia poderosa de estas fuerzas es de tal orden, que enfatizan de forma exagerada el pensamiento analítico, convergente y lógico, predominante en la sociedad occidental.
Paralelamente a este énfasis, una serie de presupuestos cultivados en la sociedad también contribuyen a mantener adormecido el potencial humano para crear, dificultando el riesgo a experimentar, a osar, a diverger, a imaginar, a soñar despierto. Dentro de estos presupuestos destacamos los siguientes:
a) todo debe tener utilidad,
b) todo debe funcionar,
c) todo tiene que ser perfecto,
d) no debemos soñar despiertos,
e) no se puede diverger de las normas impuestas,
f) se debe evitar la ambigüedad.
Aunque estemos vislumbrando un nuevo milenio, persisten un conjunto de fuerzas que inhiben el desarrollo de la creatividad y dificultan su expresión.
Una característica que también ha sido observada por nosotros es el hecho de que, el error sigue siendo visto como sinónimo de fracaso y debe ser evitado siempre. El error genera sentimientos de vergüenza y constreñimiento.
En la mayoría de las empresas, venimos observando que el espacio reservado para preguntas que posibilitan múltiples respuestas, para la exploración de nuevas formas de abordar el proceso de solucionar problemas y para el uso de formas divergentes de trabajar, es muy reducido, o prácticamente inexistente.
Y aunque nuestros modelos de competencias miran a la excelencia, sigue siendo común dar más importancia a la incapacidad, a la ignorancia y a la incompetencia de las personas, ignorando las fortaalezas en términos de talentos y habilidades.
El temor a destacar por un fallo, nos lleva al desarrollo de una visión pesimista de los recursos ilimitados de nuestra mente, de nuestra capacidad de proponer nuevas ideas y de vislumbrar otras posibilidades y opciones ante problemas y desafíos.
Mientras los tiempos modernos están exigiendo un perfil de hombre marcado, sobre todo, por la autoconfianza, la iniciativa, la independencia de pensamiento y acción, la persistencia, el coraje para arriesgarse y la habilidad para solucionar nuevos problemas; los rasgos más cultivados, valorados y potenciados siguen siendo la obediencia, la pasividad y la dependencia.
Las organizaciones aún no consideran la imaginación y la capacidad de innovar como dimensiones importantes de la mente. Hemos visto en muchos procesos de selección y promoción la exigencia de conocimientos específicos más allá incluso de lo deseable, si consideramos la experiencia de los candidatos.
Hemos observado también que entre multitud de profesionales predomina una concepción errónea de la creatividad, considerándola una dádiva, un privilegio de pocos, presente apenas en grandes artistas, inventores y científicos. También es común su representación como una característica innata y que, por lo tanto, no puede ser enseñada o aprendida.
Observamos también un cierto empeño en hablar de inspiración, cuando sabemos que la preparación, dedicación, disponibilidad de tiempo y de recursos son también factores de gran importancia para la producción creativa.
En este contexto, se prioriza lo conocido y poco se hace en el sentido de preparar a las personas para enfrentar de manera satisfactoria, de manera personal y creativa, lo desconocido. Una prueba de esto es el reducido espacio reservado en nuestras organizaciones para la búsqueda, para el descubrimiento y para la manipulación de problemas que posibilitan múltiples soluciones.
Uno de los grandes desafíos que se hace evidente, tiene que ver con la promoción de condiciones más adecuadas al desarrollo del potencial creativo. Nuestras investigaciones se concentran en este área y una gran cantidad de la informacion que hemos acumulado, apunta hacia el poco énfasis que recibe el desarrollo de las habilidades creativas en las organizaciones.
Otra de las vías de análisis nos conduce a conclusiones interesantes con respecto a la forma de actuar que tienen los directivos más innovadores.
 | Cultivan en sus equipos el gusto por el descubrimiento y por la búsqueda de nuevos conocimientos.
|  | Hacen preguntas desafiantes que motivan a pensar y a razonar.
|  | Promueven la autoconfianza en las personas que les rodean.
|  | Estimulan la curiosidad mediante la proposición de desafíos, llevando a las personas a percibir y a conocer puntos de vista divergentes sobre el mismo problema o proyecto en curso. |
Es fundamental destacar el papel de los directivos en el desarrollo del talento.
Por otro lado, hemos recogido, los aspectos que destacan aquellos profesionales que han estado en contacto con verdaderos desarrolladores y que comentan de manera unánime características especiales como: La importancia del reconocimiento, apoyo e incentivo recibido, la apertura de vías y el empuje hacia nuevas oportunidades de crecimiento.
Se observa además que los profesionales que más favorecen el desarrollo del potencial creativo, son los que aceptan ideas divergentes, expresan entusiasmo por dirigir a otros, muestran a su equipo grandes posibilidades de elección a la hora de abordar un tema, incentivan la independencia y son modelo y referente.
Nuestros estudios señalan también varias posibilidades para un mejor aprovechamiento del potencial creativo, apuntando hacia diversas dimensiones del comportamiento humano, como el ambiente distendido y las actividades lúdicas, que son de gran importancia y que deben estar siempre presentes en el proceso de creación de valor. Lograr que las personas experimenten placer en el trabajo, ha de ser el primer objetivo en todo proyecto de importancia.
Por otro lado, conviene reformular la imagen del trabajador ideal, donde la obediencia, pasividad y el conformismo ocupan un lugar central, para que se incluyan el compromiso, la dedicación, el entusiasmo, la iniciativa, la persistencia, la capacidad de aprender con los errores tanto propios como ajenos y la curiosidad. Rasgos que contribuyen de manera importante a la búsqueda de nuevas soluciones, a la interpretación de viejos problemas bajo nuevos ángulos y al mejor aprovechamiento de las capacidades creativas.
En Vivencia y Talento Consultores abordamos el entrenamiento de la creatividad trabajando cinco atributos de personalidad deseables en los directivos. Éstos son: Flexibilidad, optimismo, entusiasmo, apertura a nuevas ideas y una actitud de seguridad aunque no autoritaria.
El modelo que fundamenta nuestro trabajo incluye los cinco componentes presentados. Este modelo está orientando nuestros programas de creatividad y fue construido conforme a nuestras experiencias de coordinación de acciones de formación para la competencia innovación, así como entrenando en la habilidad para desarrollar “creatividad en uno mismo y promoverla en su equipo” para profesionales de diferentes áreas y sectores. Incluye factores como habilidades de pensamiento, motivación y personalidad, además del clima psicológico percibido por el individuo en su ambiente.
En cuanto a las habilidades relacionadas con el pensamiento creativo, destacamos la fluidez de ideas, la incorporación de otros puntos de vista y la eliminación de barreras de pensamiento.
Con respecto a los rasgos de personalidades que favorecen la expresión de la creatividad impulsamos la iniciativa, independencia, autoconfianza, persistencia, curiosidad, espontaneidad e intuición.
Y por último, en el plano cultural, habría que repensar a propósito de nuestra concepción de la fantasía y de la reflexión como pérdida de tiempo, la consideración de la tradición como preferible al cambio, el énfasis en la razón y la lógica, y la creciente desvalorización de la intuición y los sentimientos.
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